Silla

Hoy espero que me vaya mejor que ayer. De haber sabido que iba a juntar solo quince pesos, me quedaba en casa. Hay gente que no tiene cara; me dejan 50 centavos y se auto convencen de que con esa miseria están dando una mano. Metete la monedita en el culo. La misericordia no me interesa. Si te pareció de buen nivel lo que te ofrecí, ponete.Ya es la una. Arranco porque sino el día se pasa volando. A ver. ¿Donde está la partitura? Acá está. Vamos.  – Hola. ¿Cómo estás? – me pregunta una señora de unos cincuenta años, pelo castaño, ojos marrones, y coqueta como ella sola. De cada brazo, le cuelgan dos bolsas de marca de las Galerías Pacífico.- Bien.- Me encantó lo que tocaste. ¿Es el Preludio en Sol Mayor de Bach?- Si. ¿Le gustó? !Pone plata si estás tan encantada!

- Me paré un segundo atraída por el sonido del violín y terminé quedándome hasta el final. Fue como si me hubiesen pegado al piso con pegamento. No podía moverme.La vieja me habla, pero no me mira a los ojos; y me sonríe con falsedad. Yo en cambio, la clavo la vista en el medio de la jeta arrugada.- Y… no es para menos. Bach te transporta, te conmueve – le digo. Vieja chota. Todo el día de shopping. Debes ser una mantenida y tu marido un garca fenomenal. - Si, pero hay que saber interpretarlo. Y vos lo haces muy bien. ¿Estudias música o tocas de oído?- Me recibí de profesor de música en el Conservatorio Nacional, pero como verá, trabajo en la calle. – Bueno, no bajes los brazos. Te felicito. ¿Cómo te llamas?- Joaquín.- Bueno, Joaquín. Te deseo lo mejor. Que tengas un buen día. La vieja me dejó un billete de dos pesos en el estuche y se fue en dirección a Corrientes.  

El otro día le contaba a Diego, un amigo, que desde me compré la silla nueva, ando mucho mejor. Vos dirás: es solo una silla(¿de ruedas o con ruedas?), pero para mí fue todo un cambio. ¿Vos sabes lo que es andar todo el día en una silla que se cae a pedazos, que se te traba en la vereda cada veinte metros? Ahora ando más tranquilo. No tengo que hacer tanto esfuerzo, los brazos no me quedan hechos pelota ni me duele la columna. Gané mucha independencia; no dependo de nadie. Es cierto, no hace a lo esencial, al espíritu, al alma. No te voy a decir que me siento realizado por haber comprado una silla nueva, pero me da una mano enorme. 

El día está hermoso. Mira lo que es ese cielo. Es impresionante como el buen tiempo despierta a la gente. Todo el mundo sale a dar una vuelta; están todos de buen humor. Y acá en Florida hay de todo; desde la minita que se mete en Zara para ver si encuentra una pilcha por diez mangos hasta el oficinista muerto en vida que sale a estirar las piernas. ¿Que hora es? Las dos. Sigo tocando. 

- Te felicito loco. Una maza. ¿Qué fue lo que tocaste? – me pregunta un pibe de unos veinte años que lleva en la espalda una mochila con la lengua de los Stones.- Es una sonata de Chopim. Música clásica.- Muy bueno de verdad. Yo de eso no entiendo nada, pero te digo en serio… me re cabió.- Gracias. ¿Fuiste a ver a los Stones? Me dijeron que estuvo alucinante.- No. Salía muy caro. Lo miré un rato por la tele.

- Mira vos. Yo hubiese pagado toda la plata del mundo por estar adelante de todo, agarrado a las vallas. Pendejo pelotudo. ¿Cómo no vas a ir?- Te dejo unas monedas. Es lo que tengo.- Chau. Suerte. 

Trabajar en la calle te enseña mucho. Yo estoy en Florida hace dos años. Me va bien. Levanto un promedio de treinta mangos por día. Al principio pensé que no iba a poder. Estuve como tres meses para acomodarme, ganarme un lugar en la peatonal. Esto es una selva; no podes esperar una mano de nadie. Yo corro con la ventaja de andar en la silla. ¿Quien me va a venir a joder? Tenes que ser muy turro para ir pelear a un lisiado. Igual, la batalla más brava la tuve contra mi propia vanidad y orgullo. La mayoría de la gente me tiene lástima, yo lo se, se les nota en la cara. Cuando toco, levanto la vista y relojeo a la gente que se para a escuchar. ¿Y sabes qué? Es muy raro que alguien se aguante mi mirada. Es muy fuerte. Yo creo que la gente carga mierda que no le corresponde. La tragedia es mía. Solo mía. ¿Porque te haces cargo? ¿Por qué tenes cara de culpa? Disfruta de tu vida loco, que yo hago lo que puedo. Yo lo único que quiero de vos es tu moneda; y en segundo lugar, tu reconocimiento. Después del palo que me di en febrero del 94, viajando a Mar del Plata, tuve que replantearme la vida por completo. Me operaron y perdí las dos piernas. No me morí de casualidad. Me quedé solo. Mandé a todo el mundo a la puta que los parió; a mi vieja, a mi hermana, amigos, ex novia. No quería arrastrar a nadie conmigo. Una noche, solo, en casa, y hundido en la mierda hasta la cintura, tuve algo así como una revelación, una revolución interior; me dije que no podía ser tan cagón, que tenía que salir. Yo ya tocaba un poco de violín pero nada en serio. Esa misma semana me fui a anotar al conservatorio, y a partir de ahí no paré más. Sin las dos gambas, con la cabeza lúcida y el corazón desarmado, asomé la cabeza y empecé a empujar la silla por la vida. Mira lo que son mis brazos. Me dediqué a estudiar y a tocar, de día y de noche. Hoy por hoy, es lo único que hago. ¿Será un refugio? Puede ser.  

- Joaco, ¿no tenes cambio de veinte pesos? – me pregunta El Tolo, un bolita indocumentado que vende fundas para celulares en la esquina. Una vez, unos pibes de la calle que andan por acá, lo cagaron a trompadas porque decían que les estaba sacando laburo, cosa que creo que es verdad.- No negro. No llego. Mentira.El Tolo levanta la cabeza, saluda y sale a buscar otra opción.Las tres y media. Arranco con algunas cositas de folklore. Zamba de Lozano, Zamba de Vargas. La Telesita. Vamos. 

Que linda está esa pendeja. Mira los pechos que tiene. La miro y me sonríe. Pensar que una hija de puta como esta, ni en diez vidas me daría bola. Que va a hacer al lado de un deforme como yo. Una vez, el año pasado, se me pegó una minita. Pasó un día por acá y se me quedó hablando casi dos horas. Tomamos mate, nos cagamos de risa. Pasó al otro día y al siguiente también. Así, toda la semana. Se había copado conmigo. Bah… en realidad le gustaba como tocaba el violín; después entendí que se había sentido atraída por la historia de mi vida. Yo lo único que quería era encamarla. Está todo bien con charlar, compartir experiencias, pero tengo veintiocho años, no sesenta; estoy a flor de piel como cualquier otro pibe. Es cierto. No se cuanto le hubiese podido dar como hombre, porque no se me para más, pero bueno.Un día me zarpé, le dije algunas cositas. Y la mina huyó despavorida. No vino nunca más.Me cuesta mucho acercarme a una mujer. Yo tampoco le daría cabida a una mina sin piernas. Es horrible.Cada tanto me viene a visitar a casa Marcela, una puta amiga que tiene mucha onda; y coraje. Se ocupa de mí, de mi calentura, de mi locura. Me toca. Me mima. Hablamos, fumamos, me cuenta cosas de su vida. Después se va. Y yo quedó un poco más relajado. 

- Disculpame que te moleste – me dice un tipo de unos 35 años, alto, flaco y con sombra de barba.- Decime.- Te estuve escuchando un rato y me parece fabuloso como tocas el violín. Tenes mucha sensibilidad para tocar el tango. Tu estilo es sumamente melancólico – confiesa sin pudor el hombre.- Debe ser por la amargura que carga mi alma – digo sin vaselina. Cualquier salame viene y me florea. ¡Que sabes de mi, boludazo!- Soy productor de algunas orquestas de tango. Orquestas típicas. Todos jóvenes como vos.- ¿Y?- Estoy buscando un violinista. Quizás te podes dar una vuelta y te hago una audición. No creo que haya inconveniente – dice él entusiasmado -. – Te agradezco, pero no. Yo se como terminan estas cosas. Este boludo no tiene la más pálida idea de lo que significa contratar a un discapacitado y meterlo en un grupo de gente ya armado. Es como hacer entrar una hembra en celos a una oficina con cinco tipos; en dos meses se va todo al carajo.- Bueno. No quiero entrometerme en tu vida personal. Te dejo mi tarjeta. Si tenes ganas, llama. 

Ya son las cinco de la tarde. En un rato me voy a la mierda. A ver, ¿cuanto junté hoy?… casi 33 mangos. No está mal.

Mañana espero que siga el buen tiempo.


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