Frío

Siempre se me hace tarde pero hoy se me hizo temprano. Tengo los píes congelados y creo que es eso lo que me provoca frío en todo el cuerpo. Las medias de vestir, estas medias de traje, son muy finitas. ¿Dónde me meto? Si me hubiera dado cuenta que tenía tiempo me quedaba viendo zapatillas en Cabildo. Pero capaz me colgaba y llegaba tarde, y no da. ¿Acá en la barrera quedamos en encontrarnos? Sí. ¿Qué hora es? las ocho menos diez, mierda, diez minutos. La llamo y le digo que estoy en el bar de la otra cuadra, pero no le gusta ese bar, ya me lo dijo; va a decir otra vez que no la escucho. Además está en clase ahora, no me va a atender el celular, le mando un mensajito y le digo que tengo frío. ¿Y? Es como decirle que pasó otro tren, no, si le digo que pasó otro tren se va a dar cuenta que llegué antes. Se va a pensar que estoy muy ansioso por verla y a mi se me hizo temprano, nada más.

El otro día llegué re temprano a la sesión de terapia, también hacía frío, y me quedé esperando en la puerta, hasta que dije masi que me atienda antes y sino que me haga esperar, pero que sepa que hoy llegué temprano, loco, sí, tengo ganas de contarte mis problemas, que se yo, llegué antes, pensá lo que quieras; si cuando llego tarde me ponés cara de orto, aunque te pida disculpas, porque te pensás que no me quiero hacer cargo de mis traumas y no podés entender que el colectivo 59 tiene más dramas que todos tus pacientes juntos. Una vez llegué temprano a una clase en la facultad y me metí en el aula y todo era muy raro porque no conocía al profesor ni visualizaba ninguna cara conocida, era chico y me dio vergüenza, el profesor ese clavo sus ojos en mi frente y entonces cerré la puerta asustado y me di cuenta que no era mi clase, que era la anterior y que para la mía faltaban cinco minutos; entonces qué, ¿tenía ganas de estudiar? cualquiera, llegué temprano y listo, para qué tanta pregunta.

No aguanto más este frío. ¿Qué hora es? Las siete y cincuenta y dos, dos minutos pasaron nada más, la croqueta es más veloz que el tiempo. Me tengo que comprar una bufanda, le voy a decir a Eugenia que me compre una, sí, que me haga un regalo che, que se ponga. Yo me cago de frío por ella, ella que me compre una bufanda. No me gusta el nombre Eugenia, una vez se lo dije y me mandó a la mierda, que era el nombre de su abuela, que a su abuela la quería mucho, la abuela Eugenia, que le tejía pulóveres, uy, si no estuviese muerta le podría pedir que me teja una bufanda para mi, pero qué me importa la abuela Eugenia, se murió antes que Borges, Euge ni debe acordarse de la abuela Eugenia, pero claro, la abuela Eugenia, la abuela Eugenia, me chupa un huevo la abuela Eugenia, ¿a vos te gusta ese nombre? te pregunto si te gusta el nombre, no si te gusta el recuerdo de tu abuela. Yo tengo un abuelo que se llama Moises y lo quiero mucho y todo eso pero si mi vieja me hubiera puesto Moises me escapaba de casa a los 8 años y me hacía adoptar por otra familia.

Cómo va ese tren!, hasta las manos, yo tengo frío pero esos monos que viajan colgados, la puta madre, yo no me la banco, ni me subo a un tren así, me voy caminando, ahí colgado y con este frío, tengo que perder una apuesta y así y todo una vez arriba, colgado de la puerta, me tiro y que se vayan todos a la concha de la lora.

No sé por qué quedamos siempre en esta esquina, sí, ya se, es a una cuadra de su facultad, pero digo, yo porque soy hombre, pero si ella tiene que esperar acá diez minutos se la cojen de parada, mirá esa caripela, voy a cruzar, no, mejor me quedo acá, sino va a pensar que tengo guita, le voy a llamar la atención, me quedó acá como que no lo vi y listo. Se fue, joya.

Prefiero tener hambre que tener frío. Me da tristeza el frío. Igual, no se qué voy a hacer con la ropa. No me gusta ponerme suéter porque tapa la corbata, quiero decir, si me pongo un suéter entonces prefiero no ponerme corbata, porque sino se ve el nudo y nada más, no se, no me gusta, me hace acordar a muchas películas argentinas grises, sin onda. La onda es ponerse la camisa, la corbata, el saco y el sobretodo arriba. Algunos se ponen una camiseta, pero para mi es como el suéter, es grasa, y más si es de manga corta, se ve a través de la camisa y queda re mal.

Qué bueno estar adentro de un auto, como ese, hijo de puta, seguro que encima estás escuchando la radio, tenés la calefacción prendida, ahora llegás a tu casa y te comés un guiso de lentejas, buena vida la tuya guacho. ¿Qué vamos a comer hoy? Me muero por un asado de tira, le voy a decir que vayamos a la parrilla de Carlitos, le digo que la invito, sí, pago con tarjeta, ya fue. Pero me va a decir que le queda olor en la ropa, que lo de Carlitos no está bien ventilado. ¿Qué querés que haga? Cuando llegás a tu casa ponés la ropa a lavar y te das una ducha ¿cuál es el problema? Bueno, pero no, no me quiero pelear hoy, le voy a decir que vamos a comer donde ella quiera. Pero hasta que decida se me va a congelar el corazón del frío que voy a pasar, tiene más dudas, no entiendo, todo se lo plantea, hasta el lugar que vamos a comer. Encima los pibes están jugando al fútbol y yo acá cagándome de frío. Soy un cagón, tendría que haberle dicho que nos veíamos mañana, pero se me iba a pudrir el rancho. Y yo la quiero a Euge.

¿Qué hora es? Y cincuenta y cinco. Vamos, que falta menos. Ahí vienen unas chicas, no, esas no son, aunque estaría bueno que sean, ¿qué mirás? Sí, estoy acá muerto de frío, esperando a una como vos, que va a esa facultad, no me mires más porque te encaro, sí, mejor así, andá. Ojalá Eugenia tuviera amigas como estas, estaban buenas che; no, mejor que no tiene amigas lindas, sino es un bardo, te hacés la cabeza. Cuando salía con Patricia tuve muchos quilombos conmigo mismo porque Viole estaba buenísima. Ellas eran como hermanitas, estaban todo el día juntas y yo flasheaba con quedarme alguna vez con Viole solos y que se pudra todo, pero era pura fantasía, nunca lo hubiera hecho, y ella tampoco; aunque un día, me acuerdo, en un cumpleaños, sí, en el cumpleaños de Toto, Patricia se fue no se a donde, a comprar puchos creo, y estábamos todos del gorro y Viole se me acercó y me dijo una incongruencia tras otra y me hablaba a un centímetro, me decía que estaba sola pero que estaba acompañada, que se sentía linda pero que era fea, en un momento me abrazó y a mi me temblaban las piernas, fue eso, ahí quedó, pero esa escena no me la olvido más. ¿Qué será de la vida de Patricia? ¿y de Viole?.

Ya me duele la cara del frío que tengo, ni quiero mirar el reloj, que aparezca y ya. El que no apareció más fue Raúl, pobre pibe, debe estar para atrás, lo voy a llamar; era joven su mamá, la puta madre, y era copada, una buena mina, pobre Raúl, lo voy a llamar. Yo me muero si se muere mi vieja, o mi viejo. Sí, yo sufrí mucho la muerte de Rolando, era como mi tío postizo, todo el día en casa el vago, demasiado amigo de mi viejo, mi viejo quedó arruinado, pero no era mi papá ni mi mamá ni mi hermano. Fue horrible, pero perder a un padre, no, no quiero ni pensarlo. El tema es el pendejo, mi hermano, aunque ya no puedo hacer nada por el, me da mucha impotencia. No, no quiero ni tocar el tema porque Euge es muy crítica y siempre nos peleamos cuando hablamos de mi hermano.

¿Qué voy a hacer con Euge?

Ahí viene, está linda hoy, aunque esos pantalones no me gustan.

- Hola Guille! ¿hace mucho que me estás esperando?
- No, recién llego. ¿Cómo andás?
- Bien amor ¿y vos?
- Bien, bien. Todo en orden.


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