24 de marzo del 2006
24 de Marzo del 2006
UNO
Son las cinco de la tarde del sábado 18 de marzo. En el barrio de Belgrano es imposible dormir la siesta.
- ¿Que pasa Pedro? – pregunta el portero de un departamento de Cabildo al 500.
- Hay un escrache a Videla – contesta Pedro, el portero del edificio de al lado -. Viene un pedazo de gente para acá. Recién me lo crucé al Gallego y los vio venir por Luis Maria Campos. Por eso las vallas y por eso la poli.
- ¿Otra vez los pibes estos de h.i.j.o.s. rompiendo las pelotas por acá? ¿Nos les alcanzó la otra vez cuando vinieron y ensuciaron toda la cuadra? – pregunta ‘El Rafa’, enojado.
- ¿Sabes lo que pasa Rafa? Yo te digo cual es mi opinión, vos pensa lo que quieras. A estos pibes les desaparecieron a los padres, se los llevaron, los torturaron, los tiraron al río; se los hicieron mierda – dice muy seguro Pedro – ¿Vos que harías? ¿Te quedarías en tu casa?
Mientras los dos porteros charlan, por Teodoro García se asoma una columna de casi diez mil personas. Una enorme bandera de H.I.J.O.S. viene al frente de la marcha. Detrás de ellos viene gente suelta, agrupaciones sociales, culturales y religiosas. Al fondo, algo de aparato partidario. Avanzan, cruzan Lacroze, hacen una cuadra más, atraviesan un enorme camión con acoplado sobre Cabildo y comienzan con el acto. Algunas madres de Plaza de Mayo dicen unas palabras. Una de ellas, sencilla y menudita, le pide a los h.i.j.o.s. que cuando ellas ya no estén, continúen con su lucha, con su ejemplo. La agrupación lee un documento que trasluce con nitidez la historia de la organización, de la militancia de los 70 y de la historia reciente de nuestro país. Se llena el frente del edificio con bombitas rojas y se re afirma, una vez más, que la búsqueda de la condena social no es en vano.
El agite constante, el calor humano, la heterogeneidad del público, el grado de compromiso, y el número redondo y abultado a conmemorar, hacen que el escrache sea impactante y contundente. En el aire se puede percibir una sensación inquietante: la gente está encendida y movilizada.
DOS
Diez de la mañana del martes 21 de marzo. En la escuela primaria ‘República Dominicana’ del barrio de Nuñez, la maestra Alejandra está parada frente a los 30 chicos de su 5to. grado. El bullicio del aula es importante. Hace un llamado de atención y logra bajar los decibeles.
- Chicos, el viernes que viene no van a tener clases. Se van a quedar en sus casas porque es un día especial. Es el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Es el día en el que debemos recordar lo que pasó en nuestro país hace 30 años, cuando un golpe de estado instaló una feroz dictadura que nos llenó de miedo y dolor – dice en voz alta Alejandra -. Es muy importante que todos sepamos que lo que pasó no debe repetirse nunca más.
Los chicos miran, escuchan con atención. Ninguno se animar a intervenir ni a hacer chistes. Quieren que Alejandra siga contando.
- Pregunten en sus casas. Que les cuenten que fue lo que pasó. Algunos no quieren mirar para atrás. Dicen que hay que mirar para adelante. Nosotros creemos todo lo contrario; que hay que revisar el pasado para no repetir los mismos errores en el futuro.
- Seño, mi papá dice que las Madres de la Plaza de Mayo son las mamás de los terroristas que ponían bombas en los juguetes – dispara uno los chiquitos, Matias -, que hay que meterlas presas a todas.
- Mira Mati, no se porqué tu papá te dice esas cosas, pero no es cierto. Las Madres de Plaza de Mayo son un ejemplo de lucha único en el mundo. Su único crimen fue salir a buscar a sus hijos que no estaban por ningún lado. A partir de ahí no pararon más, hasta hoy.
- ¿Porque usan un pañuelo blanco en la cabeza? – pregunta Josefina, una nena de ojos claros que está sentada a la izquierda del aula.
- Porque una vez, hace casi 30 años, en una peregrinación a Lujan a la que se sumaron, decidieron ponerse un pañuelo en la cabeza para poder reconocerse entre la gente. Desde ese momento los pañuelos las acompañan a donde vayan. Cada una tiene el nombre de su hijo o hija bordado en el pañuelo.
TRES
Seis y media de la tarde del miércoles 22 de marzo. La terminal de trenes de la línea Sarmiento, en Once, es una caldera. La formación explota de pasajeros. Casi todos leen la edición gratuita de la tarde del diario ‘La Razón’.
Claudio es hijo de desaparecidos. Viene de laburar y viaja hasta su casa en Liniers. Está impresionado con la campaña de difusión que bajan los medios por los 30 años del golpe. Nunca le había pasado algo parecido. A diferencia de otros años, en donde él sentía que la gente se quedaba afuera, que estaba en otra, por estos días no había margen para hacerse el boludo. La televisión está invadida por el tema de la dictadura, la impunidad, el genocidio. Los canales de aire, y también los del cable, pasan programa, informes, o emisiones especiales, dedicados al golpe del 76, entre ellos canal nueve.
Claudio hojea un suplemento especial, a color, de varias páginas y con mucha información relacionado con los 30 años que pasaron desde la asunción de Videla y compañía. Levanta la vista y espía tímidamente qué es lo que leen los demás. Una mujer le presta atención al tema de la estatización de la Empresa Aguas Argentinas. Un hombre de unos 40 años se entretiene con una foto de una modelo sin ropas; un par de pibes se detienen en la sección de deportes, parecen preocupados por la cantidad de jugadores lesionados que tiene la selección. Sigue mirando y detecta que unos cuantos están atentos al mismo suplemento que lee él. Se pone de puntas de pie y con esfuerzo mira más allá, buscando algún otro también esté leyendo lo mismo. Los mira. Quiere detectar algún signo que le transparente las sensaciones de la gente. Un señor de traje que está parado a su izquierda le comenta:
- ¡Que pelotas las viejas estas eh! Pensar que salieron a pedir por sus hijos en pleno 1977. No se puede creer.
Claudio lo mira, y emocionado contesta:
- ¿Era hora que las pusieran donde se merecen no?
Un par de pasajeros que escuchan el comentario, lo miran y sin mediar palabra, muestran acuerdo con sus palabras. Otro de más allá, pone cara de culo.
CUATRO
- Disculpame que te moleste. ¿Cómo es el tema mañana? – pregunta una de las dos señoras que caminan agarradas del brazo.
- La movilización es a partir de las 5 de la tarde. La marcha sale del Congreso y viene hasta la plaza – contesta el chico.
- Ah … lo que pasa es que nosotras no sabemos mucho del tema. Vinimos porque vimos por la tele que había un recital en contra de la dictadura – dice la otra señora.
- Me parece muy bien – contesta el muchacho que lleva una remera de Callejeros -. Vengan temprano que va a haber mucha gente.
Las señoras afirman con la cabeza, agradecen y se van.
Noche del Jueves 23 de marzo. La plaza de Mayo está llena de gente, en su mayoría chicos y chicas. Acaba de terminar el acto de la Asociación Madres de Plaza de Mayo; tocaron algunas bandas y solistas. Después se pasó un video que contó la historia de las Madres y que dejó bien clarito que el principal legado que dejaron las madres fue haber convertido el dolor en lucha; haber podido defender como propias, las ideas y convicciones de sus hijos.
A unos dos metros de allí, dos chicas hablan sin parar sobre el feriado del 24.
- Vos sabes que yo no soy una chica ‘K’, pero tengo que reconocer que esto que está pasando es impresionante. ¿Quién podía imaginar esta situación cinco años atrás? – pregunta una de ellas, la que viste jeans y remera del EZLN.
- Yo creo que toda esta campaña feroz que acaparó todos los medios es totalmente convincente; no hay demagogia. Hay una posición bien clara de parte del Estado en relación a la dictadura. Es la primera vez en nuestra puta historia que el Estado toma una postura concisa, firme, sin medias tintas. Es la primera vez que el Estado se hace cargo de un tema tan grueso. ¡Eso es hacer política, Caro! Eso es hacer uso del instrumento de la política – comenta excitada la otra chica, más menudita que la primera –. Te digo más. El feriado es generador de cultura. Pensa en los chicos que hoy tienen 18 años, o menos, que nacieron en democracia. Ellos no tienen tan fresco el tema del proceso. Las próximas generaciones van a crecer con la idea de que acá hubo un genocidio y que hay que repudiarlo de todas las maneras posibles.
Llega una amiga de la chica de jeans. Se abrazan. Se besan. Se ríen.
La recién llegada dice:
- ¿Viste lo que es esto Flor? No lo puedo creer. Me crucé con medio mundo. Allá están las chicas. Esto parece una fiesta.
La gente se retira. La vigilia del 24 es un éxito. El clima generalizado de repudio flota en el aire, espeso, inquietante. Al otro día se espera una de las movilizaciones más importantes de los últimos tiempos.
CINCO
Mediodía del 24 de marzo. Escuela Militar del Palomar. El presidente destapa una placa en el medio del patio del corazón castrense. Allí se exige no olvidar el genocidio cometido hace 30 años. Que la Verdad y la Justicia están sobre cualquier otro valor.
El gabinete completo escucha y acompaña. Cadetes, Sub Oficiales, Oficiales, Tenientes, Coroneles y Generales, con cara de ojete, piensan vaya uno a saber en qué.
En pleno discurso presidencial, claro y comprometido, se hace hincapié en el trabajo realizado por las Madres de Plaza de Mayo a lo largo del tiempo. Que ellas fueron la dignidad y la resistencia en plena dictadura. Desde un costado del salón baja con firmeza un aplauso seco y hondo; también se escucha la consigna ‘Madres de la plaza, el pueblo las abraza’. En la primera fila, con el pañuelo blanco en la cabeza, Hebe de Bonafini se emociona y aplaude. Después declara que no puede creer lo que está viviendo; que le parece un sueño.
SEIS
Tres de la tarde del Viernes 24 de marzo. Escuela de Mecánica de la Armada. La Cancillería de nuestro país organiza una vista al centro clandestino de detención del barrio de Nuñez. Los invitados: ochenta embajadores de los países más disímiles.
En el salón ‘Dorado’, un sobreviviente cuenta su experiencia. Minutos más tarde lo haría el canciller Taiana, otro ex detenido.
Algunos guías acompañan a la comitiva al sótano, a Capucha, al Pañol y a Capuchita. A la media hora, los funcionarios regresan y bajan las escaleras. Se los ve exhaustos, transpirados. La prensa los para y los entrevista. Algunos llevan consigo un gesto de terror. Otros salen a la calle mirando el suelo. Se escucha decir a uno de ellos que el trabajo realizado por las Madres de Plaza de Mayo es una enseñanza para todas las generaciones venideras, del país, y del mundo.
SIETE
Cien mil personas se acercan a la Plaza de Mayo para repudiar el golpe del 76. Mucho aparato partidario pero también mucha familia, despolitizada, y atraída por el fuerte papel jugado por el nuevo gobierno. Muchos padres y madres llevan en andas a nenes y nenas. La avenida de Mayo está atestada de gente. No entra un alfiler. Murgas y comparsas acompañan haciendo batucada. Los techos de los puestos de diarios están llenos de gente; sacan fotos, filman, registran. Las diagonales Norte y Sur también están llenas de gente. Por todos lados se ven banderas y hay tanto ruido ambiente que por momentos aturde.
Dentro de la Plaza de Mayo, en el palco, las Madres y Abuelas muestran desacuerdo con algunos puntos del documento que se está leyendo. La gente grita que el acto es de ellas, que la plaza es de ellas, que el homenaje debe ser para ellas; que son ellas las que deben decir algo.
MAD – Marzo del 2006
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- Octubre 18, 2006 / 2:48 pm
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- Textos Mariano
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