Una sombra ya pronto serás

Acabo de terminar de leer ‘Una sombra ya pronto serás’, de Osvaldo Soriano. Una joyita. Es la primera novela que leo de él. Hasta ahora solo había leído crónicas, notas, recopilaciones que están publicadas.
El título de la obra es muy significativo porque describe a la perfección al narrador, su espíritu, su presente: la sombra de un tipo al que en otro momento le ha ido mejor y que tenía algo de esperanza. Durante el transcurso de la novela, que está en tiempo presente, el narrador se muestra como un don nadie, un pobre tipo que no tiene absolutamente nada, ni plata, ni familia, ni amigos, ni un lugar donde tirar el ancla. Anda por la vida sin nada que perder, ni ganar, haciendo dedo, yendo a donde lo lleven, con lo puesto. En el camino se va cruzando con una exótica serie de personajes realmente exquisitos: camioneros, vendedores, videntes, gauchos, estancieros, policías, militares, curas. Cada uno de ellos estás descritos de manera notable, no sólo por sus características físicas, sus gestos, sino también, y acá aparece la diferencia, por sus miserias y virtudes, a las que accede por medio de los diálogos y las acciones, la peripecia.
Hay mucha descripción de la vida que se lleva en el interior, las costumbres y valores de quienes allí viven, su idiosincrasia. Los escenarios naturales, el campo, las rutas, las plazas de los pueblos, los amaneceres, los soles y las lluvias, son una constante.
Y cuando Soriano describe me detengo a leer dos veces cada párrafo: así quisiera describir yo.
Soriano escribe con una prosa simple, llana, comprensible pero te hace ver lo que quiere que veas. Y también te deja pensando. Muchas de las cosas que se suceden en la historia tienen doble sentido.

En estos días me voy a alquilar la película.

El siguiente párrafo sirve de ejemplo de cómo describe Soriano a un personaje, como lo pinta. Es la descripción de una foto del personaje en cuestión cuando era chico:
“Era un chico de nueve o diez años, en guardapolvo, con ojos iguales a los de Lem y el pelo caído sobre la frente. Estaba solo en una vereda irreconocible. Llevaba una cartera de colegio y alguien le había pedido que sonriera. En una mano tenía un trompo partido por la mitad”.

El nene con el trompo partido por la mitad en una de sus manos, es muy visual e incisivo, ¿no?

Mariano


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