No habrá más penas ni olvido

Tengo que decir que ante Osvaldo Soriano, como lector, me saco el sombrero. Y como proyecto de escritor, también. Acabo de terminar de leer ‘No habrá más penas ni olvidos’, una novela corta, escrita en 1974, según leí que el gordo, como le decían, contó por ahí. La leí en dos horas, sin poder parar, intentando, en el camino, retener, captar, aprender, a través de dobles y triples lecturas que fui haciendo, el modo con que el tipo describía personajes, acciones, lugares. Digo intentando retener porque la historia no me dio respiro, te lleva puesto, te ahoga. La velocidad con que se suceden los hechos, la presición de los dialogos, su justeza, su economía, las palabras suficientes para que a uno se le figure la imagen, sin que sobre nada, la verosimililitud de quienes hablan, su lenguaje bien coloquial, gente de campo, humildes, militantes convencidos, con valores, creencias, peones pobres, Perón, el comisario del pueblo, los milicos, la derecha sindical, los fierros, la dinamita, la lluvia, el fuego, el avión rociando con mierda de chancho el pueblo.
Una policial, argentino, lleno de suspenso, contextuado en uno de los capitulos más pasionales y sangrientos de nuestra historia política reciente, los setenta.

Una clase de literatura, con todas las letras. Iba leyendo y pensaba en los cuentos que vengo escribiendo estos últimos días. En como hacer para que la imagen que intento armar en la cabeza del lector se figure sin cansarlo, sin sacarle demasiada energía, simple, al pie.
Así me gustaría escribir a mi, como lo hacía el tipo este.

Mariano.


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