Perfume de Mamá

Terminar es doloroso hoy. Estoy en el baño del aeropuerto y me tiemblan las manos, entonces me tiembla el pito. Ahora escribo en la sala de espera de la puerta 7 de la terminal A del JFK, en Nueva York, y me siguen temblando las manos, el papel del cuaderno se arruga y mi letra no se entiende. En una hora subo al avión que me devuelve a Buenos Aires.

Se me rompió el reloj hace dos semanas, en San Diego. No me importó demasiado. La medición de los días en este viaje me importó menos que los nominados de Gran Hermano. El viaje sin tiempo, el viaje fuera de los tiempos, lejos de mis tiempos.

Terminar es dañoso a veces, una relación, un trabajo, un viaje, sobre todo un viaje.

Fue un viaje maduro para mi. Shit!!! ¿Por qué estoy tan conmocionado?

Cuando me despedí de mamá, en Palermo, un mes atrás, mamá me dijo lo de siempre (disfrutalo, cuidate, etc.) y a eso le agregó algo más, sabio, emocionalmente sabio. Me dijo: “Riki, vas a ver que todo lo que pasa acá (se refería a la Argentina, claro, a la coyuntura diaria, al agotamiento cotidiano, a las exigencias desproporcionadas, a la histeria gratuita, a la rosca, al diario Clarín) va a quedar así de chiquito”. Así de chiquito, me dijo. Mi madre no estaba subestimando nuestros esfuerzos diarios, para nada. Estaba hablando de algo más, de otra cuestión. Lo se porque volvimos sobre esto en el intercambio de mails durante mi viaje. Mi mamá estaba hablando, tácitamente, de oportunidades.

Yo tuve la oportunidad. Muchos otros no la tienen. ¿Por qué a mi?. Esa es la pregunta que me hago desde hace un año. Aunque, pienso, no es tan importante contestar esa pregunta ahora sino conseguir su respuesta en el futuro. Lo más importante es lo que pueda hacer en el futuro con todo esto. Sería un arrogante si solamente muestro las fotos.

Es el perfume de mamá el que me angustia. Lo acabo de comprar en el free shop, lo tenía anotado en este cuaderno el nombre del perfume, en la última hoja. No te confundas, me dijo, es el Burberry London Weekend, el Weekend, porque Alberto me trajo el otro y a mi me gusta este. Lo probé en mi muñeca, yo conozco ese perfume, es este, lo estoy oliendo. Es el perfume de mamá, intenso, presente, que me trasladó a su despedida, a su concepto y al principio de todo esto que hoy se termina. El olor que siento ahora en mi muñeca es Argentina, es Palermo.

Me pone muy contento volver, estoy extrañando bastante.

Es la luna y el sol, dos símbolos de tristeza y de belleza, según el ojo y la piel del receptor. Es ir y venir. Es empezar y terminar.

Y me pone muy triste terminar porque se acabó. Conocer lugares nuevos, el imperio, hoteles caros y funcionarios altos, dólares del tesoro yankie en mi bolsillo, cultura imponedora, comida rápida y mala, enterrar perjuicios y confirmar perjuicios, conocer gente maravillosa y a los yankies de mierda, muchos aviones, algunas profesiones, aprender un tema en profundidad, descolocarme en lo conceptual, otro paradigma intelectual, interrogarme en los fundamentos filosóficos, mirar el derecho desde otro lugar, hacerme un poquito más liberal, que te paguen lo que nunca podrías pagar, que te enseñen sobre un tema los que lo conocen de verdad, el tren anda tan bien que no da ganas de bajar, el aire de la quinta avenida, la belleza irrefutable del Central Park.

Se terminó esta oportunidad.

Riki


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