PALOMAS
En el fondo escribir es como reírse o fornicar;
una suelta de palomas. Julio Cortazar.
1)
Siempre me gustó la palabra paloma, me gusta como suena. Es una palabra justa, fuerte. Pero no es que me gusten las palomas, es decir, las palomas en la plaza no me importan. La paloma en la literatura, la paloma como símbolo, eso me gusta. Me gusta manejar también, rápido. Cuando estoy al volante veo siempre a la paloma ahí picoteando el asfalto y sé que nunca la voy a atrapar, que cuando me acerque la paloma va a volar, pero no hasta un segundo antes de su muerte, vuela justo a tiempo y la ves ahí del otro lado del parabrisas aleteando como si nada sucediera, a mí se me agita el corazón y estoy seguro que a ella también, aunque lo disimule.
Lo normal es que la paloma levante vuelo, siempre.
Pero me pasó algo raro la otra noche. Estaba en la cama, imaginando o soñando, no lo sé. Manejaba por una ciudad llena de árboles y vacía de edificios, había calles, sí, que separaban casitas bajas, baldíos y terrenos. Había palomas y estaba Mercedes Sosa, bien gorda y bien negra, sentada en la vereda, y cantaba: “será que estoy segura que puedes llenarme de palomas el cielo” (que te amo tanto).
Yo seguía manejando ese auto sucio, un auto sin marca, seguía manejando y el cielo no estaba lleno de palomas, las palomas estaban en la calle, en el asfalto, allá adelante, a unos cincuenta metros (digo cincuenta porque la distancia era como una mitad de cuadra), ahí adelante podía ver muchas palomas del color de las palomas, yo iba rápido con el auto y sabía que cuando me acercase iban a volar (hasta el cielo lleno, porque te amo tanto), entonces aceleré aún más, las quería ver volar a todas juntas, las quería del otro lado del parabrisas.
2)
Llegué a la oficina y había una señora que me estaba esperando, Patricia, que tenía a su beba de tres meses en brazos. Patricia es la hermana de Teresa y Teresa está presa en Ezeiza, acusada por homicidio en grado de tentativa por tirar desde una ventana de un tercer piso un caño galvanizado que pegó en la cabeza de un policía, el domingo 15 de abril, cuando 600 policías de la Guardia de Infantería estaban desalojando un predio de viviendas en construcción que había sido ocupado pocos días antes. Patricia y Teresa nacieron en Jujuy y de niñas vinieron a Buenos Aires, a instalarse en la Villa 1.11.14. La historia de Teresa es siempre pobre y su historia clínica está en el Moyano. Le dijeron a Teresa que había unas viviendas nuevas que iban a ocupar, que eran para otros, pero que si ellos la ocupaban se podían quedar, como pasó en otras construcciones de la zona. Teresa no supo de oportunidades en su vida, ni siquiera sabe lo que significa elegir, sólo sabe sobrevivir. No sé si Teresa tiró el caño, o si quien lo tiró la acusó a ella o si la policía necesitaba una negra para culpar y maltratar. Teresa está en la cárcel de Ezeiza, y su abogado defensor renunció porque no puede trabajar gratis. Su hermana Patricia me miraba y me contaba, y me aseguraba que Teresa no tiró nada, que la cagaron porque Teresa no se sabe defender. Patricia me decía que otra gente ocupó otras viviendas y no fueron nunca desalojados. Llegó a la oficina con su beba de tres meses y un bolso roto. Yo vivo en la villa doctor, usted tendría que ver como vivo, con mi marido, un hermano, mi mamá, la hija de cinco años de Teresa, y una hermana que quiso entrar al Ejército y la expulsaron porque tiene esquizofrenia, es todo muy difícil doctor. A Patricia se le mojó toda la cara con sus lágrimas. Mi padre está en Jujuy y va a morir sabiendo que sus hijos son todos pobres y sin posibilidades de nada, doctor, desde los 8 años que estoy en esta ciudad y siempre fui discriminada, maltratada, apartada, como soy jujeña además se piensan que soy boliviana y me discriminan también por boliviana. Las lágrimas de Patricia mojaron la ropa de su beba. Igual doctor, se que hay gente que está peor.
3)
Esa noche, en mi imaginación o en un sueño, todavía no lo sé, cuando mi auto llegó hasta las palomas, no voló ninguna, pisé como a siete, y después las vi ensangrentadas por el espejo retrovisor, aplastadas en el asfalto por las ruedas de mi auto sucio.
Me asusté y abrí los ojos, fui al baño, me lavé los dientes y me acosté otra vez. La cama estaba más fría que antes.
Ricardo Dios
mayo 2007
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- Published:
- 5.17.07 / 3am
- Category:
- Textos Ricardo
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