La Dama y el Carpintero
La dama enviudó hace 10 meses.
Cincuenta años tiene la dama. Se propone reformar lo que era el hogar conyugal y convoca, entre otros, a un carpintero. No tiene hijos la dama y eso a veces le duele.
El carpintero, cuarenta y dos años, soltero. El carpintero es un carpintero soltero. Tiene como 13 sobrinos. Nunca una novia, ningún hijo.
Empieza la obra.
Le cuesta al carpintero conseguir esa madera. La madera que convenza a la dama.
No es que no le gusta a la dama todo lo que le va mostrando el carpintero, no, no es eso. Al contrario, le gusta, a la dama, y su cara se enciende. A la dama le gusta todo lo que va mostrando el carpintero. Pero falta precisión.
Y él, el carpintero, sigue puliendo la madera. Le cuesta pulir la madera. Pero se esfuerza. Dicen que no le pasa la lija, lo hace con la mano, son caricias.
El, estoy hablando del carpintero, también se pule por dentro. Acaricia la madera para poder acariciarla a ella. Y se acaricia él, el carpintero.
Ahora que el carpintero duerme en su casa, en la casa de la dama, en esa casa que ya no es conyugal, la dama parece una reina, no por la corona, no hay ninguna corona, sino porque su corazón está abierto otra vez y porque su cara brilla cuando es del carpintero; y cuando ya es más de noche y las manos, las manos del carpintero, rozan su piel, entonces la reina tiembla.
El carpintero está feliz.
Cree que seduce a la dama y la hace reina.
Aunque en verdad, ella conquista al carpintero, ella ya es reina, ella manda, con su cara que brilla, con el corazón abierto, con su piel humedecida. Y así obtiene lo mejor del carpintero.
El carpintero descubre su mejor madera, y se la regala.
Ricardo Dios
julio de 2006
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- Published:
- Julio 9, 2007 / 4:17 am
- Category:
- Textos Ricardo
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