Sus manos

Ella sube al colectivo y yo estoy buscando en el bolsillo de mi saco un pañuelo de papel limpio. Estoy sentado en el último asiento de la fila de uno.

Se sube en Cabildo y Sucre y ya no quedan asientos vacíos. Todo el pasillo es para ella. Lo recorre, mira hacia el fondo. Tiene ojos marrones y unos anteojos impecables, de marco finito y vidrios rectangulares. Su belleza me perturba. Rasgos suaves, nariz justa y unos labios levemente gruesos. Camina el pasillo ancho del colectivo y veo su cuerpo de curvas precisas. Se frena en la mitad del pasillo y se toma de un caño que sale del techo y se incrusta debajo de un asiento de la fila de dos. Calculo que tiene 27 años. Lleva puesta una polera oscura, un vestido gris del que se ve sólo la falda y unas calzas negras que aprietan sus piernas duras. Le cuelga una cartera marrón del hombro izquierdo.

El colectivo se comienza a llenar y me cuesta mirarla de cuerpo entero. Mientras ella sigue de perfil, sostenida a ese caño, en ningún momento disimulo mi mirada, aunque no tengo oportunidad para hacerlo porque ella todavía no sabe de mí. Cuando ya no puedo verle ni los tobillos, por la cantidad de personas que ocupan el colectivo, retomo la búsqueda de un pañuelo limpio. Lo encuentro y me sueno la nariz sin preocuparme por el ruido. Estoy alérgico. Me pongo los auriculares y prendo el mp 3. Pongo a Manu Chao, el disco Puta´s Fever, la canción Soledad. Cierro los ojos para escuchar mejor.

Abro los ojos y veo una mano de mujer que se agarra del respaldo del asiento que le sigue al mío. Es ella. Se que es ella aunque sus manos causan rechazo por su grosor, por sus dedos anchos y por sus uñas espesas. Se que es ella porque mi tío me dijo que todas las mujeres tienen algún defecto, y que eso las hace probables. Ahora veo su pelvis que se apoya en el borde del asiento para poder soltar esa mano (¿le dará vergüenza?). Pasan tres segundos. Vuelvo a ver la mano que ahora sujeta un librito, parece una Biblia. Ella se sostiene con la cadera y con esa mano abre el cuaderno, ahora parece un cuaderno. Veo su otra mano, es igual de fea, y lleva una birome. Sus últimos movimientos me hacen levantar apenas la vista, siempre mirando para adelante. Ella escribe en un cuaderno con tapa dura, verde, del tamaño de una Biblia de bolsillo. Es igual al diario íntimo que yo tenía en segundo grado. Tiene hasta esa cinta roja que le cuelga y que sirve de señalador. Ella sigue escribiendo. Estoy seguro que está incomoda. Me preocupa que alguien le toque el culo. No aguanto más. Y le miro la cara, el torso que me da sombra, las tetas ajustadas.

El colectivo frena de manera abrupta y entre la inercia y el acto reflejo de sus manos que intentan agarrarse del asiento, su diario íntimo se cae en mis muslos, cerrado y con la cinta roja marcando la fecha de hoy. Lo abro en esa marca y leo:

“Para Miguel es fácil, él no tiene problemas, sus papás están vivos los dos y además viven juntos, no tienen problemas de salud, ni de plata ni de nada. Para Miguel es fácil. El tiene los ravioles todos los domingos en la casa de sus papás. Y yo me tengo que bancar esa ceremonia familiar con la sonrisa de mi suegra y el vaso de vino de mi suegro”.

Ella termina de levantar todas las cosas que se cayeron de su cartera y que se desparramaron por el piso del colectivo lleno de gente. Cuando se incorpora y vuelve a su posición, el diario íntimo está cerrado en mis manos y se lo devuelvo.

Me agradece y me mira. La noto avergonzada por su tropezón. Su voz no es atractiva. Y observo algunos granos en su cara. Le suena el celular, abre la boca exageradamente cuando habla, tiene los dientes amarillos. Levanta un poco la voz, se pelea con alguien. De la vergüenza pasa a los nervios. Doy vuelta la cara y miro por la ventanilla, se está nublando.

Suipacha está muy sucia, 3 pibes de traje fuman en la puerta de un edificio de oficinas. El colectivo se empieza a vaciar. Me sacó los auriculares. Yo sigo sentado y ella no está más.

Pienso que me hubiera alcanzado con sus manos, que me acaricie con sus manos.

Ricardo Dios
Agosto 2007


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